Tenía que pasar...antes o después...y pasó.
Fue el sábado 22 de Febrero, tenía pensado hacer una ruta en bici por la zona de los Altos de Marbella, subiendo por el hospital Comarcal y dando la vuelta (pero sin hacer el camino inverso), tirando por carriles, y vuelta al hospital.
El recorrido lo había memorizado gracias a google maps, la noche anterior y durante el desayuno, ya que no quería perderme (je).
Una mañana radiante, con un sol espléndido que invitaba a salir a hacer la ruta y disfrutarla, aún sabiendo que parte del recorrido era muy exigente para mi limitada experiencia sobre la bici.
A pesar de haber preparado dicha salida con anterioridad y no querer acabarla muy tarde, llegaron las 11 de la mañana y aún estaba en casa, o me daba prisa o no podría salir.
Mochila a la espalda y bici preparada salí de casa con la promesa de estar listo "como muy tarde" a las 14 para poder ir a comer con la familia (era el cumpleaños de mi pequeña).
Hice el mismo recorrido que la vez anterior: casa-hospital-y "pa rriba", altos de Marbella y a por los carriles.
Esta vez no me paré y llegué hasta el punto donde me paré la vez anterior sin problemas...hasta ahora.
Aquí empecé a darme cuenta de lo novato que soy sobre una bici, la de horas que le tengo que echar y la de kilómetros que aún me tengo que meter para poder llegar en condiciones a los 101.
Donde lo dejé la última vez está en mitad del campo, en una zona de carriles de tierra sin asfaltar ni arreglar y si la bici tiene algún problema, lo notas.
Fue la primera vez que tuve que ponerme en pié para subir una cuesta de tierra y enseguida noté que algo no iba bien: la rueda trasera patinaba y no la controlaba, por lo que mucha parte de la subida la hice sentado tirando como buenamente podía. ¿Qué le pasaba a la puñetera? pues algo tan sencillo como tener la cubierta ya gastada. En asfalto no se nota porque tampoco es muy grande el desgaste, pero en terrenos como el que me encontraba, eso era distinto.
Por desgracia esto no iba a ser lo único sobre la bici.
La cuesta que me esperaba tenía cojones...de verdad que tenía cojones. Entre que tenía que ir sentado, que el terreno no lo conocía, que patinaba la rueda trasera y que algunas marchas las metía mal, la subida fue un auténtico despropósito. Pero lo pero iba a llegar en un tramo no muy largo pero muy empinado.
Sentado no tenía narices de subir y tuve que ponerme sobre la bici, así de empinada era la cuestecita. El piso era resbaladizo por una gran cantidad de piedrecitas y estaba lleno de salientes que amenazaban con dejarme clavado.
Mientras subía como podía y ya con las piernas fatigadas, en una de las veces que intenté no resbalar por la rueda trasera me encuentro a punto de caerme por el barranco derecho. Aún no se cómo logré en una fracción de segundo, quitarme la cala derecha, liberar el pié y poder ponerlo a tiempo antes de irme con todo el equipo por una ladera de más de 20 metros.
Con el susto en el cuerpo terminé de subir a pie (no sería la única vez ese día) ya que me era imposible montarme y pedalear para acabar esa cuesta del demonio.
Al llegar al punto más alto eché un vistazo tanto a la hora como al GPS y comprobar en qué parte debía desviarme a la derecha para dar la vuelta. Llevana casi 9km y unos 45min, iba muy bien según mis cálculos. Así que seguí.
Y seguí...y seguí...y seguí...
Comenzó una bajada un tanto extraña que se prolongó unos 3km. Durante toda esa bajada iba diciéndome "como tenga que dar la vuelta,esto no lo subo". Al llegar al punto más bajo volví a revisar el GPS y entré en pánico: el desvío me lo había pasado metros antes de comenzar el descenso. "ME CAGO..."
No tenía muy claro dónde me encontraba así que avancé un poco y, a mi izquierda ví un pueblo: Ojen.
"Bueno, al menos esto lo conozco". Ya eran las 12:30 y empezaban a llegarme wassas al móvil: "¿por dónde vas? ¿cuánto te queda?", je, como si lo supiera...
Echando mano de google maps (el día que no tenga cobertura o me quede sin batería me voy a reir), tracé mentalmente el camino hacia la carretera de Ojen que me llevaría hasta Marbella. Viendo el recorrido un frío me recorrió la espalda: había tramos que para alguien acostumbrado no sería nada, pero para mí me iba a costar un mundo.
Menos mal que llevaba un gel (de los que regalaban en la Media Maraton de Marbella) y me sirvió de combustible porque me esperaba un camino rompepiernas con mucha bajada y luego una subida que me iba a hacer echar pie a tierra en un par de ocasiones.
La bajada era de esas que como te descuides, terminas en el suelo: mucha pendiente, piedras sueltas, camino irregular...los frenos iban chirriando y mi rueda trasera iba pensando en lo que le esperaba cuando comenzara la subida, porque había que volver a subir otra vez.
Dos veces, dos, tuve que echar pie a tierra. La última ya llegando a una zona "urbanizada" y viendo como pasaba un coche patrulla 4x4 de la policía local de Ojen que debieron de pensar "dónde irá el loco este por aqui" o peor "pues si ahora va andando, verás cuando llegue a la cuesta asfaltada".
Casi al momento me volví a subir y ya no bajaría hasta llegar a la carretera Ojen-Marbella. Y eso que tuve que subir por una zona asfaltada (imagina como sería la pendiente de esa zona). Asfaltada porque si llega a ser de tierra,ni los coches la suben.
Una vez arriba y viendo ya la carretera, las pocas fuerzas que me quedaban las usé para bajar a tumba abierta por la carretera (muy pegadito a la derecha que todos conocemos esa puñetera carretera) y luego a casa sin florituras, que no estaba para meterme por carriles de nuevo, ni calles raras.
2 horas y 14 minutos después, volvía a estar en casa, sano y salvo, con la satisfacción de haber pasado una de las pruebas más duras de las que me he encontrado, no sólo por la exigencia física, sino por la mental al pensar que estaba perdido, que no llegaría a tiempo y me llevaría la bronca del siglo.
Ahora tengo que meter más kms a las piernas y menos carriles,porque hasta que no cambie la cubierta trasera no voy a arriesgarme a caerme por un barranco o dejarme los dientes en un descenso.
Este fue el recorrido: